Cáncer de intestino (carcinoma colorrectal)

Cáncer de intestino (carcinoma colorrectal)
Clasificación Internacional (CIE) C19

Básico

Descripción

Los carcinomas de colon y de recto son crecimientos malignos de la mucosa en la sección respectiva del intestino. Los expertos también se refieren a estos cánceres como carcinoma colorrectal, derivado del griego "colon" (intestino) y del latín "interstitium rectum" (recto). El término carcinoma de colon en realidad sólo se refiere al cáncer del intestino grueso, pero a menudo también se utiliza para el cáncer de colon y recto.

El cáncer de colon es el segundo más frecuente en los países industrializados. Sólo el cáncer de próstata (en los hombres) y el de mama (en las mujeres) son más frecuentes.

Los carcinomas colorrectales suelen aparecer después de los 50 años; por término medio, las mujeres desarrollan la enfermedad un poco más tarde que los hombres. Más de dos tercios de los crecimientos malignos se desarrollan en la última sección del colon o del recto. La tasa de mortalidad está disminuyendo lenta pero constantemente.

Causas

Se ha demostrado que ciertos factores de riesgo favorecen el desarrollo de carcinomas colorrectales:

  • Los adenomas (pólipos intestinales - protuberancias de la mucosa) preceden al 90 % de los carcinomas.
  • Enfermedades inflamatorias del intestino (por ejemplo, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn)
  • Carcinomas colorrectales anteriores
  • Falta de ejercicio
  • Sobrepeso
  • Consumo de alcohol y nicotina
  • Consumo frecuente de productos cárnicos y grasas animales
  • Dieta baja en fibra (pocas frutas, verduras, productos integrales)
  • Antecedentes familiares de pólipos intestinales y cáncer

Síntomas

Los carcinomas colorrectales suelen provocar únicamente síntomas inespecíficos:

  • Cambios en el tipo y la frecuencia de las deposiciones (estreñimiento o diarrea de larga duración y cambiante) sin causas externas como las condiciones de vida.
  • Sangre (in)visible en las heces (detectable con pruebas químicas, por ejemplo, prueba de sangre oculta, prueba de hemocultivo)
  • Fatiga, pérdida de apetito, pérdida de peso no deseada, anemia
  • Dolor (por ejemplo, debido a grandes crecimientos que constriñen gravemente el intestino)

Estas señales de alerta deben ser aclaradas por un médico, especialmente si se pertenece a un grupo de riesgo (por ejemplo, mayores de 40 años).

Diagnóstico

Proyecciones

Todas las personas mayores de 50 años deberían someterse a un examen periódico de cáncer de intestino.

A partir de los 50-54 años, las personas tienen derecho a una prueba para detectar sangre en las heces (prueba de sangre oculta, prueba de hemocultivo).

A partir de los 55 años, se puede realizar una colonoscopia (colonoscopia) si se desea. Este examen debe repetirse cada 10 años si los resultados son negativos. Para los que rechazan una colonoscopia, es posible realizar una prueba de hemocultivo cada 2 años a cargo de la caja de enfermedad.

Etapa del cáncer

Durante el examen físico, el médico encargado palpa el recto a fondo. Si hay sospecha de cáncer de intestino, una colonoscopia proporciona los resultados más claros. Además, siempre debe examinarse todo el colon, ya que los tumores pueden formarse en diferentes lugares.

Las biopsias (muestras de tejido) se toman de zonas visibles, que al examinarlas más a fondo proporcionan resultados sobre la presencia o no de cáncer. Otros métodos, como las radiografías, pueden proporcionar pistas pero no pruebas.

Si se diagnostica un cáncer, es importante para el tratamiento conocer la profundidad de los crecimientos en la pared intestinal. Esto puede determinarse mediante una endosonografía (examen ecográfico desde el interior).

El TAC (tomografía computarizada) y la RMN (resonancia magnética) proporcionan información sobre el tamaño del tumor y las posibles metástasis (tumores hijos). También se examinan los pulmones (radiografía) y la cavidad abdominal (especialmente el hígado, ecografía o TAC).

Si se sospecha que el crecimiento también afecta a la vejiga urinaria, se realiza una cistoscopia. Una gammagrafía esquelética puede determinar si el cáncer se ha extendido a los huesos.

En el caso de los carcinomas intestinales, se puede detectar en la sangre una proteína especial (CEA - antígeno carcinoembrionario). Este marcador tumoral no es suficiente para el diagnóstico, pero es decisivo para el pronóstico.

En casos excepcionales, también puede realizarse un asesoramiento genético con examen del material genético para informar a los familiares sobre su riesgo de contraer la enfermedad.

Terapia

El tratamiento del cáncer de intestino depende de factores como el tamaño, la localización y la extensión (a otros órganos) del tumor.

Cirugía

Si se diagnostican a tiempo, los pólipos degenerados pueden extirparse durante una colonoscopia.

Posteriormente, el tratamiento más habitual es la extirpación extensiva del tejido intestinal. Hay que extirpar los ganglios linfáticos y también el tejido sano que rodea al tumor para eliminar las extensiones que aún no son visibles y descartar la propagación por el sistema linfático.

Debido a la longitud del colon, la operación no conlleva restricciones significativas en la vida de la persona afectada. En algunos casos, sin embargo, hay que colocar un estoma (salida artificial del intestino) a corto o largo plazo.

Quimioterapia y radioterapia

La quimioterapia suele administrarse además de la cirugía si también se han encontrado células tumorales en los ganglios linfáticos. En los casos de cáncer en los dos tercios inferiores del recto, las combinaciones de quimioterapia y radioterapia han dado buenos resultados.

Anticuerpos

En la enfermedad avanzada, también está aprobada la inmunoterapia con anticuerpos (cetuximab). Estos anticuerpos están diseñados para impedir que los impulsos de crecimiento penetren en el interior de las células cancerosas.

Otros anticuerpos (bevacizumab) inhiben la formación de nuevos vasos sanguíneos que el tumor necesita para suministrar nutrientes. El pantitumumab es otro anticuerpo que se utiliza cuando la quimioterapia estándar no tiene éxito.

En la actualidad, se está probando la eficacia de los interferones y las leucinas (sustancias de señalización del sistema inmunitario) en ensayos clínicos.

Terapia del dolor

Los síntomas acompañantes, como el dolor, pueden tratarse con medicamentos como parte de una terapia paliativa.

Otras terapias

Si el carcinoma no puede eliminarse por completo, la hipertermia, la crioterapia (frío) y la irradiación láser son otras opciones. Sin embargo, estos procedimientos se utilizan sobre todo para combatir las metástasis.

Previsión

El pronóstico del carcinoma colorrectal depende principalmente de lo avanzado que esté el tumor. Con la detección temprana y la extirpación completa, las posibilidades de curación son de hasta el 90%.

Sin embargo, la tasa de supervivencia a 5 años es sólo del 60%.

Cuanto más avanza la enfermedad, menores son las posibilidades de curación.

Posibles complicaciones:

  • Metástasis (tumores hijos) en hígado, pulmones, esqueleto
  • Pérdida de sangre abundante
  • Obstrucción intestinal

Prevención

El cáncer colorrectal se da predominantemente en los países occidentales industrializados. Los hábitos dietéticos y de estilo de vida tienen una gran influencia en la probabilidad de contraer la enfermedad.

Un estilo de vida saludable y una dieta variada y equilibrada tienen un efecto preventivo. Son especialmente recomendables la fibra, las verduras y la fruta en cantidad suficiente. La carne roja y no procesada no debe estar en el menú diario.

Las revisiones preventivas son aconsejables a partir de cierta edad. Pregunte a su médico sobre esto en la próxima oportunidad.

  • De los 50 a los 54 años, tiene derecho a una prueba para detectar sangre en las heces (prueba de sangre oculta, prueba de hemocultivo).
  • A partir de los 55 años, tiene derecho a una colonoscopia (examen del intestino grueso), que debe repetirse cada 10 años si el resultado es negativo.
  • Los que rechazan este examen pueden someterse a una prueba de hemocultivo cada dos años.
  • Se puede utilizar una tomografía computarizada para detectar pólipos. Sin embargo, los especialistas no la recomiendan como alternativa a la colonoscopia.
  • Si encuentra sangre en las heces, o si la frecuencia y el tipo cambian espontáneamente, consulte a su médico para que se lo aclare.
  • Las personas que tienen un mayor riesgo de padecer la enfermedad pueden recurrir a planes de detección individuales.
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