Enfermedad de Crohn (inflamación crónica del intestino)

Enfermedad de Crohn (inflamación crónica del intestino)

Básico

La enfermedad de Crohn (M. Crohn) es una inflamación crónica de todas las capas del intestino, que tiene un curso recidivante. Los síntomas característicos son dolor abdominal en la parte inferior derecha del abdomen, similar a la apendicitis, en combinación con diarrea sin sangre.

En aproximadamente el 30% de los pacientes, sólo está afectada la última parte del intestino delgado (illeum), y en aproximadamente el 25% sólo el intestino grueso (colon). Aproximadamente el 45% de los pacientes sufren una infestación de ambas partes del intestino. Sin embargo, otras partes de todo el tracto gastrointestinal pueden verse igualmente afectadas.

La enfermedad de Crohn tiene cierta similitud con la colitis ulcerosa (inflamación crónica del colon). Sin embargo, esta enfermedad sólo afecta al intestino grueso. Ambas enfermedades pertenecen al grupo de las enfermedades inflamatorias intestinales crónicas (EII).

En la mayoría de los casos, la enfermedad aparece por primera vez entre los 15 y los 34 años. Los hombres y las mujeres se ven afectados con la misma frecuencia, pero los niños se ven afectados muy raramente. En Alemania, hay unos cinco casos nuevos por cada 100.000 habitantes al año. Todavía no existe una cura completa para la enfermedad de Crohn; sólo existe la posibilidad de aliviar los síntomas.

Causas

Las causas de la enfermedad de Crohn siguen siendo desconocidas. Sin embargo, se supone que influye una combinación de factores hereditarios, infecciosos y psicológicos, pero sobre todo inmunológicos:

  • Ya se han investigado algunos factores hereditarios que aumentan el riesgo de padecer la enfermedad.
  • Los factores ambientales decisivos siguen siendo en gran medida desconocidos. Sin embargo, se sospecha que el tabaquismo tiene un efecto negativo en el riesgo de desarrollar la enfermedad.
  • El estrés psicosocial, combinado con la predisposición, también puede desempeñar un papel en el desarrollo de la enfermedad. Además, el estrés puede hacer que la inflamación vuelva a brotar en los pacientes.

Síntomas

En la enfermedad de Crohn, todas las capas de la pared intestinal se ven afectadas por la inflamación en las secciones del intestino afectadas por la enfermedad. Sin embargo, siempre puede haber secciones sanas entre las zonas inflamadas. Si las zonas inflamadas se curan, quedan cicatrices que provocan un estrechamiento del intestino. Estas regiones estrechas pueden provocar una obstrucción intestinal.

Además, la enfermedad de Crohn puede dar lugar a la formación de acumulaciones de pus encapsulado (abscesos), así como a falsos conductos de conexión (fístulas) con tejidos u órganos vecinos (como otras secciones intestinales, la vejiga, la piel abdominal). Las secciones inflamadas ya no pueden reabsorber completamente los componentes de los alimentos.

Dependiendo del grado de propagación en el intestino, aparecen síntomas muy diferentes. Muchos pacientes muestran pocos síntomas durante años, por lo que a veces la enfermedad sólo se descubre muy tarde.

A menudo, el primer síntoma son las fístulas en la zona del ano. La diarrea, el dolor abdominal y la pérdida de peso durante un periodo superior a seis semanas son también un signo de alarma y un indicio de la enfermedad. Además, puede haber abscesos recurrentes en el abdomen y los intestinos, lo que indica que se trata de una enfermedad de Crohn.

Hay que prestar atención a las siguientes señales:

  • Diarrea que dura más de seis semanas (de tres a seis veces al día), generalmente sin sangre.
  • Dolor en la parte inferior derecha del abdomen, similar a la apendicitis
  • Fiebre leve
  • Pérdida de apetito y de peso
  • Sensación general de enfermedad

Además, a veces hay quejas que no afectan al tracto digestivo (manifestaciones extraintestinales). Entre ellas se encuentran, por ejemplo, la inflamación de las articulaciones, las alteraciones cutáneas como el eritema nodoso (engrosamiento inflamatorio nodular de la piel) o las llagas en la mucosa oral (aftas), la inflamación ocular (como la uveítis, la queratitis), la osteoporosis y la inflamación del hígado.

La enfermedad de Crohn tiene un curso crónico, es decir, los síntomas duran más de seis meses, o progresa en recaídas. En el curso recidivante de la enfermedad, los síntomas a veces desaparecen por completo, pero vuelven a aparecer después de cierto tiempo. La probabilidad de que se produzca un nuevo brote de la enfermedad es de un 30% al cabo de un año y de hasta un 70% al cabo de dos años.

Diagnóstico

El diagnóstico comienza con una historia clínica detallada, un historial familiar y un examen físico. Durante la exploración física, el médico comprueba, entre otras cosas, si hay dolor a la presión en el abdomen. También examina la cavidad oral y el ano del paciente para ver si hay algún signo característico de la enfermedad.

Un método muy adecuado para el diagnóstico es la colonoscopia (ileocolonoscopia). En el curso de este examen, el médico toma simultáneamente una muestra de tejido (biopsia) del segmento intestinal sospechoso. Esta muestra se examina en el laboratorio para detectar una posible inflamación, su naturaleza y su distribución. Además, se pueden detectar fístulas o estenosis intestinales. También se debe examinar el estómago (gastroscopia) y el duodeno.

También es muy importante un examen ecográfico de la pared intestinal (ecografía), tanto como control de cribado como de seguimiento. Además, los exámenes de rayos X pueden realizarse con la ayuda de un medio de contraste.

Los cambios en el intestino delgado pueden detectarse mejor con una resonancia magnética (RM) y una tomografía computarizada (TC). Un análisis de sangre puede servir para determinar el nivel de PCR, que puede dar información sobre una inflamación. También se hará un recuento sanguíneo completo.

Terapia

La mayoría de los pacientes que padecen una enfermedad de Crohn leve o moderada pueden ser tratados de forma ambulatoria. Sin embargo, en algunos casos, la hospitalización es inevitable.

Algunos valores de laboratorio pueden ayudar en la elección de la terapia. Por ejemplo, el valor de la PCR proporciona información sobre la evolución de la enfermedad. Este valor también puede utilizarse para evaluar el riesgo de recaída. Si hay un proceso inflamatorio en el organismo, aumenta la cantidad de proteína C reactiva (PCR) en la sangre. Además, se determina el número y el estado de los glóbulos rojos (eritrocitos) para detectar una posible anemia.

La terapia de un brote agudo de la enfermedad se divide en tres etapas, dependiendo de la gravedad del brote:

Baja actividad:

La primera opción es la terapia local con el corticosteroide (cortisona) budesonida (al día como dosis única o tres dosis únicas repartidas a lo largo del día).

Si la persona afectada no tiene ningún síntoma fuera del tracto digestivo (manifestación extraintestinal), la terapia nutricional o la terapia sintomática (como con medicamentos para el dolor, los calambres y la diarrea) pueden ser a veces suficientes.

Actividad moderada:

En este caso, se suele utilizar budesonida o preparados de cortisona sistémicos (eficaces en todo el cuerpo). A veces, la terapia nutricional también puede ayudar. También se administran antibióticos si puede tratarse de una infección bacteriana.

Alta actividad: En este caso, se suelen administrar preparados de cortisona y posiblemente otros medicamentos que ayudan a suprimir el sistema inmunitario (como la azatioprina). Si estos fármacos no tienen el efecto deseado y la cirugía no es posible, también existe la posibilidad de administrar anticuerpos contra los factores inflamatorios (anticuerpos contra el TNF).

Terapia en la fase de reposo (mantenimiento de la remisión):

La mayoría de los pacientes experimentan una alternancia entre episodios de la enfermedad y un período libre de síntomas (fase de remisión). El tratamiento durante este periodo sin síntomas no es absolutamente necesario. Los factores individuales, como la evolución de la enfermedad, deciden si se utiliza un tratamiento de mantenimiento de la remisión, así como la duración y los fármacos.

Medicación:

Como las causas de la enfermedad suelen ser desconocidas, sólo se puede combatir la inflamación y aliviar los síntomas. La medicación también puede utilizarse para prevenir una posible recaída durante un determinado periodo de tiempo.

Los siguientes medicamentos se utilizan para la enfermedad de Crohn:

  • 5-ASA: La mesalazina o la sulfasalazina desarrollan su efecto específicamente en el intestino delgado o sólo en el intestino grueso. Estos fármacos son menos eficaces en la enfermedad de Crohn que en la colitis ulcerosa, por lo que sólo se administran en los casos leves.
  • Preparados de cortisona: La hormona cortisona del propio cuerpo tiene un efecto antiinflamatorio y frena la actividad del sistema inmunitario. Los preparados de cortisona de síntesis química desempeñan un papel importante durante un ataque agudo de la enfermedad de Crohn. Si los síntomas son leves o moderados, o si el foco de inflamación está en la parte inferior del colon, estos preparados actúan directamente en el lugar (como supositorios o preparados para enema). Esto da lugar a menos efectos secundarios. Para los síntomas más graves, se prefieren los comprimidos cuyo principio activo se distribuye por todo el cuerpo (sistémico).
  • Antibióticos: Los antibióticos, como el metronidazol o la ciprofloxacina, se utilizan principalmente cuando existe una infección bacteriana, además de una inflamación intestinal, o cuando ésta amenaza con desarrollarse. La terapia se utiliza principalmente para las fístulas. Las fístulas son conexiones recién formadas entre el intestino y los tejidos u órganos circundantes. El peligro de estas fístulas es que pueden causar infecciones por bacterias intestinales fuera del intestino.
  • Fármacos que suprimen el sistema inmunitario (inmunosupresores): Se utilizan en casos graves de la enfermedad de Crohn. Si los preparados de cortisona no tienen el efecto deseado, si los efectos secundarios son demasiado graves o si no pueden tomarse por alguna otra razón, se utilizan inmunosupresores. Muy a menudo, se trata del principio activo azatioprina.
  • Anticuerpos contra el TNF: Si la enfermedad es muy grave, se utilizan antiinflamatorios con los principios activos Infliximab o Adalimumab (anticuerpos contra el TNF). El principio activo de estas sustancias es que unen sustancias mensajeras (citoquinas) entre las células inflamatorias y así evitan que la reacción inflamatoria se extienda.

Intervención quirúrgica:

Alrededor del 70% de los afectados no se libran de una operación en los primeros quince años de la enfermedad. Esto también puede ocurrir a pesar del tratamiento farmacológico. A menudo, también es posible repetir las operaciones. Durante una operación, tienen lugar las siguientes intervenciones:

  • El cirujano amplía las zonas estrechas del intestino con la ayuda de un globo.
  • Las fístulas se cierran y los abscesos se abren.
  • Se eliminan las secciones del intestino que ya están muy afectadas por la inflamación. Este procedimiento sólo se realiza si ya hay complicaciones graves, como perforación intestinal, peritonitis u obstrucción intestinal.

Una nutrición adecuada:

La nutrición adecuada desempeña un papel importante en los pacientes de la enfermedad de Crohn, aunque no existen directrices generales al respecto. Lo mejor es que se deje aconsejar por su médico para evitar carencias de vitaminas, proteínas, hierro o nutrientes. Durante un episodio agudo, una dieta rica en fibra (comida para astronautas) suele proporcionar alivio. Los pacientes que sufren episodios especialmente graves reciben nutrición por goteo para aliviar los intestinos irritados.

Lo que puedes hacer tú mismo:

Si ya tienes la enfermedad de Crohn, debes estar atento a cualquier signo que pueda indicar un empeoramiento. La sangre en las heces, un dolor nuevo o diferente y una fiebre inexplicable pueden ser estos signos.

Durante un brote agudo de la enfermedad de Crohn, es importante dar al cuerpo suficiente descanso. Entre las recaídas, se puede trabajar normalmente.

No hay restricciones en la dieta. Sin embargo, hay que tener cuidado de que no se produzcan síntomas de deficiencia debido al intestino atacado. Esto se puede conseguir con una dieta saludable.

Si hay intolerancia a ciertos alimentos, éstos deben evitarse. Alrededor del 30% de los pacientes no toleran la lactosa (intolerancia a la lactosa). Si este es el caso, la leche y los productos lácteos deben ser eliminados de la dieta. Otros pacientes de la enfermedad de Crohn, por desgracia, sufren intolerancia a la fructosa y, por tanto, deben evitarla.

Previsión

El pronóstico depende principalmente de la extensión de la enfermedad. La enfermedad de Crohn es una enfermedad que no se puede curar. No obstante, los síntomas pueden aliviarse con la terapia adecuada. Además, a menudo pueden producirse fases en las que la persona afectada está completamente libre de síntomas.

La autoobservación por parte del paciente y las revisiones periódicas son esenciales para reconocer y tratar los signos de un nuevo episodio de la enfermedad, así como las posibles complicaciones. Además, el tracto gastrointestinal debe ser examinado regularmente para detectar crecimientos malignos.

Si se les trata adecuadamente, los enfermos de Crohn suelen tener la misma esperanza de vida que las personas sanas. Sin embargo, es importante consultar a un especialista para ajustar la terapia.

Prevención

Dado que el desencadenante de la enfermedad de Crohn sigue siendo desconocido, no es posible decir cuál es la mejor manera de prevenir la enfermedad. El tabaquismo y el estrés psicosocial se consideran factores de riesgo fiables que pueden evitarse.

Un estilo de vida saludable con suficientes horas de sueño, ejercicio regular y una dieta sana también puede tener un efecto positivo en los intervalos sin síntomas.

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