Inflamación renal (glomerulonefritis)

Inflamación renal (glomerulonefritis)

Básico

La inflamación del riñón (glomerulonefritis) es una inflamación de los corpúsculos renales (glomérulos). Cada riñón contiene más de un millón de estos corpúsculos renales, cuya función es filtrar y limpiar la sangre para producir orina, que luego pasa por el uréter a la vejiga. La glomerulonefritis (a diferencia de la pielonefritis, que está causada por bacterias) suele ser una enfermedad autoinmune. En este caso, los riñones son atacados y dañados por el propio sistema inmunitario del organismo, lo que puede desencadenar posteriormente una insuficiencia renal (debilidad de los riñones). Se distingue entre glomerulonefritis aguda y crónica.

Causas

La causa más común de la inflamación de los riñones es una reacción exagerada del propio sistema inmunitario del organismo; este tipo de inflamación renal se denomina glomerulonefritis IgA. En este caso, el sistema inmunitario forma los llamados anticuerpos de inmunoglobulina A, que se depositan en las células filtrantes de los riñones (glomérulos) y desencadenan allí una inflamación. Como consecuencia, los riñones ven limitada su función de filtro, lo que significa que ya no es posible retener con éxito las proteínas y los eritrocitos (glóbulos rojos) en la sangre. Ahora se excretan continuamente a través de la orina en lugar de permanecer en el cuerpo. Por otro lado, la excreción de metabolitos tóxicos está restringida, por lo que estas sustancias se acumulan.

A diferencia de la pielitis, la inflamación renal no está causada por bacterias y, por tanto, no puede tratarse con antibióticos. Además, la inflamación renal siempre afecta a ambos riñones, mientras que la inflamación de la pelvis renal suele afectar sólo a un riñón.

Se hace una distinción básica entre la inflamación renal primaria y la secundaria. Si sólo están afectados e inflamados los riñones, se trata de una glomerulonefritis primaria. Sin embargo, si la inflamación se debe a otras causas (por ejemplo, si se desencadena por enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico o por medicamentos), se denomina glomerulonefritis secundaria.

Síntomas

Como la glomerulonefritis, a diferencia de la inflamación de la pelvis renal, suele ser indolora, la enfermedad suele pasar desapercibida durante mucho tiempo y sólo se descubre por casualidad durante los exámenes rutinarios. En algunos casos, la enfermedad se manifiesta en una fase tan avanzada que la diálisis (lavado de sangre) o el trasplante son inevitables.

En el curso de la enfermedad, aparecen los siguientes síntomas típicos:

  • Debido a que los riñones están deteriorados en su función de filtrado, se produce una transferencia patológica de sangre (hematuria) y proteínas (proteinuria) a la orina, donde estas sustancias pueden ser detectadas. Si hay altas concentraciones de proteínas, la orina puede volverse espumosa. La orina también puede estar coloreada de rojo por los eritrocitos, lo que se denomina macrohematuria.
  • Si se excretan grandes cantidades de proteínas en la orina, esto puede dar lugar a una baja concentración de proteínas en la sangre.
  • Debido a que la producción de orina por parte de los riñones está alterada, hay un aumento de las concentraciones de electrolitos (sales) en el cuerpo, lo que puede causar edema (retención de agua en los tejidos) y presión arterial alta.
  • Algunos pacientes experimentan un deterioro repentino de la función renal (insuficiencia renal aguda). Sin embargo, también puede producirse una insuficiencia renal crónica, en la que la función de los riñones se deteriora a lo largo de los años y requiere diálisis periódica.

Diagnóstico

La sospecha de una posible inflamación renal suele surgir del examen de laboratorio de muestras de orina y sangre. Para confirmar el diagnóstico, debe realizarse una biopsia renal (examen del tejido renal al microscopio). Además, se examinan los riñones mediante ecografía (ultrasonido).

Mediante la determinación del aclaramiento de creatinina en 24 horas (parámetro que da información sobre la función renal), es posible averiguar si los riñones están limitados en su rendimiento y en qué medida.

Es importante excluir una inflamación bacteriana de la pelvis renal, ya que podría tratarse fácilmente con antibióticos.

Terapia

El tratamiento de la glomerulonefritis depende principalmente de la extensión de la enfermedad.

Si sólo se excretan cantidades muy pequeñas de proteínas y glóbulos rojos en la orina y la función renal y la presión arterial se encuentran en el rango normal, no hay necesidad de actuar con urgencia. No obstante, el médico debe realizar controles periódicos.

Dado que la glomerulonefritis suele estar causada por una reacción exagerada del sistema inmunitario, en estos casos es necesario el tratamiento con fármacos inmunosupresores como la cortisona. Sin embargo, como esto debilita todo el sistema inmunológico, este tratamiento tiene muchos efectos secundarios indeseables.

Si la inflamación del riñón es el resultado de otra enfermedad, el tratamiento de la enfermedad subyacente suele ayudar. Además, deben observarse las siguientes medidas:

  • Debe garantizarse que se beba lo suficiente (a menos que los riñones estén ya muy limitados en su función).
  • La hipertensión arterial debe tratarse de forma sistemática, ya que supone un esfuerzo adicional para las células filtrantes de los riñones y, por tanto, puede empeorar la función renal.
  • En ciertos casos, una dieta baja en proteínas y sal puede ser útil.

Previsión

El pronóstico de la glomerulonefritis depende en gran medida de si sólo están afectados los riñones o los demás órganos.

En el caso de la inflamación renal primaria (en la que sólo están implicados los riñones), la esperanza de vida de los afectados es bastante buena, incluso con una pérdida grave de la función renal y la necesidad de diálisis. Si el trasplante de riñón es posible, los pacientes suelen llevar después una vida casi normal. Sin embargo, al cabo de un tiempo, también puede producirse un nuevo brote de inflamación renal en el riñón trasplantado, que en raras ocasiones también destruye el nuevo riñón.

Dado que la inflamación renal secundaria afecta principalmente a otros órganos y sólo posteriormente daña los riñones, el pronóstico depende en gran medida del tratamiento de la enfermedad original y del grado en que se hayan dañado ya otros órganos.

Prevención

La glomerulonefritis no puede prevenirse con certeza, pero la enfermedad puede detectarse y tratarse en una fase temprana mediante análisis de orina periódicos.

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