Vaginosis bacteriana

Vaginosis bacteriana
Clasificación Internacional (CIE) N76.-

Básico

Descripción

La infección bacteriana de la vagina se llama vaginosis. Los médicos también utilizan para ella los términos infección por Gardnerella, infección por Haemophilus vaginalis y Aminkolpitis. Es una de las enfermedades vaginales más comunes en la edad sexualmente madura.

Las bacterias también son comunes, en menor medida, en la zona genital. Sin embargo, si el entorno vaginal cambia, las bacterias pueden multiplicarse con mayor facilidad y causar síntomas. La Gardnerella (bacteria con forma de bastón) es responsable de alrededor del 40 % de todas las infecciones vaginales.

En relación con el embarazo, la colpitis amínica puede provocar probablemente una ruptura prematura de las membranas o un parto prematuro. La vaginosis favorece otras infecciones. Por lo tanto, debe tratarse en cualquier caso, incluso si los síntomas no son demasiado graves.

La existencia de una infección sin síntomas puede comprobarse (también en el caso de las mujeres embarazadas) mediante el valor del pH de la vagina. En las farmacias existen guantes especiales para este fin.

La Gardnerella rara vez causa síntomas en los hombres. Sin embargo, se transmiten a través de las relaciones sexuales.

El tratamiento es recomendable y tiene sentido, especialmente en caso de que se produzca con frecuencia.

Causas

La vaginosis bacteriana está causada por una colonización defectuosa de la vagina. Las bacterias "buenas" de la vagina (por ejemplo, las bacterias del ácido láctico), responsables de la llamada flora vaginal sana, son desplazadas por diversos gérmenes.

La Gardnerella (bacteria con forma de bastón), en particular, puede propagarse sin obstáculos. En algunos casos, la vaginosis también está causada por otras bacterias de transmisión sexual:

  • Chlamydia
  • Mycoplasma
  • Bacteroides
  • Clostridia

Síntomas

Normalmente, una infección bacteriana de la vagina comienza con un aumento del flujo. Es de color grisáceo a amarillento y tiene un olor característico a pescado. Además, hay picor, irritación de los genitales externos y un ligero dolor punzante o problemas para orinar.

El valor del pH de la vagina también es alcalino (aumenta).

La vaginosis bacteriana está asociada a la rotura prematura de las membranas y al parto prematuro en las mujeres embarazadas. Tampoco se excluyen la fiebre y las infecciones de las heridas tras el parto.

En los hombres, la infección por Gardnerella suele ser asintomática.

Diagnóstico

Para poder detectar una infección bacteriana, el médico que le atiende debe tomar primero una muestra de la vagina. En la muestra de la mucosa, las células vaginales infectadas se hacen visibles al microscopio.

El patógeno exacto puede identificarse mediante cultivos bacterianos. El olor a pescado puede intensificarse vertiendo una solución de hidróxido de potasio.

No es infrecuente que la colpitis por aminas se produzca junto con una infección por tricomonas.

Se puede descartar una infección en casa mediante una prueba de pH. Se recomienda especialmente a las mujeres embarazadas para prevenir el parto prematuro.

Terapia

Siempre que no haya embarazo, la vaginosis sólo necesita ser tratada cuando aparecen los síntomas. Los antibióticos pueden curar rápidamente la infección. El médico puede recetar supositorios vaginales especiales, cremas y pastillas.

Para evitar una nueva infección, es conveniente tratar a la pareja al mismo tiempo. Durante la terapia, el uso de preservativos es esencial y se deben introducir bacterias lácticas en forma de supositorios como medida preventiva.

Si existe un embarazo, se recomienda el tratamiento independientemente de los síntomas. Esto se hace de la misma manera que para las pacientes no embarazadas.

Previsión

Aparte de los síntomas desagradables, la vaginosis bacteriana es relativamente inofensiva y, por tanto, el pronóstico es bueno.

Sin embargo, se aconseja precaución con respecto a las infecciones ascendentes. Otros gérmenes (por ejemplo, la clamidia) pueden inflamar las trompas de Falopio o el útero. Esto puede dar lugar a adherencias, que a su vez pueden provocar infertilidad.

Además, el riesgo de infección por el VIH aumenta de forma aguda.

En caso de embarazo, es posible que se produzca un parto prematuro, un inicio prematuro del trabajo de parto o una inflamación de la episiotomía (después del parto). Por lo tanto, una infección vaginal debe tratarse siempre en caso de embarazo.

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