Epilepsia

Epilepsia
Clasificación Internacional (CIE) G40.-
Síntomas Torsiones en brazos y piernas, vocalizaciones involuntarias, Morderse la lengua, Orinar o defecar, Inconsciencia, movimientos involuntarios de ojos, cabeza y boca, Automatismos
Posibles causas Enfermedad del sistema nervioso central, Cambios genéticos en los canales iónicos y los receptores de transmisores
Posibles factores de riesgo Tumores cerebrales, Cerebro y meningitis, Abuso de alcohol, drogas y medicamentos, Enfermedades metabólicas y/o trastornos genéticos, Intoxicaciones, La privación del sueño, Luz parpadeante en la televisión o en una discoteca, Hiperventilación, Abstinencia de alcohol y medicamentos, Cambio en el equilibrio mineral del cuerpo, Malformaciones del cerebro, Lesión cerebral traumática, Infarto o hemorragia, Complicaciones en el parto

Básico

La epilepsia puede traducirse como "enfermedad que cae" y suele describirse en el lenguaje coloquial como un trastorno convulsivo. Más concretamente, la epilepsia se refiere a un mal funcionamiento del cerebro en el que se disparan y descargan repentinamente impulsos sincronizados. Este proceso es desencadenado por las células nerviosas.

La epilepsia se considera uno de los trastornos funcionales más comunes del cerebro. Sólo en Alemania, alrededor de 1 de cada 200 personas están afectadas. La probabilidad de desarrollar una epilepsia aumenta sobre todo en los primeros años de vida, y luego sólo a partir de los 60 años.

Sin embargo, en general, la epilepsia puede afectar a personas de cualquier edad. Sin embargo, el hecho de que una persona sufra un ataque una vez, no significa necesariamente que vaya a sufrir ataques el resto de su vida. Aproximadamente el diez por ciento de la población se ve afectada por un solo ataque epiléptico al menos una vez en su vida.

Sólo cuando se producen convulsiones repetidas, un especialista en enfermedades nerviosas (neurólogo) puede hacer un diagnóstico de epilepsia.

Según la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE), la epilepsia se diagnostica de la siguiente manera:

  • Hay no menos de dos crisis epilépticas con más de un día de diferencia, que suelen producirse de forma repentina (sin causa evidente). Sin embargo, en las formas más raras de epilepsia, normalmente se pueden identificar los factores desencadenantes, como los estímulos luminosos o ciertos ruidos.
  • Sólo se produce un ataque súbito, pero la probabilidad de que se produzcan más ataques en los diez años siguientes es de al menos el 60%, lo que significa que el riesgo es tan alto como después de dos ataques súbitos.
  • Existe un síndrome epiléptico diagnosticado por pruebas médicas. Esto incluye, por ejemplo, el síndrome de Lennox-Gastaut (LGS).

Causas

La epilepsia es un trastorno funcional que afecta al sistema nervioso central. En Europa, entre el 0,7% y el 0,8% de la población total está afectada por la epilepsia. No todas las formas de epilepsia pueden asumirse como heredadas por la descendencia.

Los médicos distinguen tres grupos de epilepsia:

Epilepsia idiopática:

Las causas de esta forma de epilepsia siguen siendo en gran medida inexploradas. Las presunciones sugieren que los cambios genéticos en los canales iónicos y los receptores de transmisores desempeñan un papel en el desarrollo de la epilepsia.

Los estudios han demostrado que los afectados no padecen ninguna otra enfermedad neurológica. Las pruebas de imagen (tomografía computarizada, resonancia magnética) tampoco muestran cambios patológicos.

Epilepsia sintomática:

Esta forma de epilepsia se produce como consecuencia de una enfermedad del sistema nervioso central. Los factores que pueden ser desencadenantes son:

  • Malformaciones del cerebro
  • Daños cerebrales causados por complicaciones del embarazo o del parto, principalmente en bebés prematuros, hemorragias cerebrales, falta de oxígeno en el cerebro (complicaciones del parto) o inflamación cerebral. Estos factores pueden diagnosticarse mediante métodos de examen como la resonancia magnética (RM). Pueden ser la causa de formas graves de epilepsia en la infancia.
  • Lesiones cerebrales (traumatismos craneoencefálicos)
  • Accidente cerebrovascular (infarto o hemorragia)
  • Tumores cerebrales: Por este motivo, la causa de las primeras convulsiones debe aclararse inmediatamente mediante la TCC (tomografía computarizada del cerebro) y la TRM (resonancia magnética), especialmente en los jóvenes.
  • Cerebro y meningitis
  • Abuso de alcohol, de drogas y de medicamentos
  • Enfermedades metabólicas y/o trastornos genéticos
  • Envenenamiento

Epilepsia criptogénica:

Esta forma de epilepsia tiene una causa no identificable. Sin embargo, se sospecha que el desencadenante está en el cerebro.

Ataque epiléptico:

La epilepsia no puede equipararse a un único ataque epiléptico (ocasional). Un ataque epiléptico se produce de forma repentina y se acaba al cabo de unos segundos o minutos. La causa general de un ataque epiléptico son las descargas eléctricas anormales de las células nerviosas (neuronas) que se producen simultáneamente. Este incidente puede afectar a zonas individuales del cerebro (focal) o a todo el cerebro (generalizado). Los síntomas se manifiestan de forma diferente según la región del cerebro que esté afectada.

La epilepsia sólo puede asumirse cuando una persona ha tenido al menos dos crisis epilépticas en un año. Un neurólogo puede diagnosticar la epilepsia antes si los resultados del EEG o de la resonancia magnética muestran que hay una mayor probabilidad de que se produzcan más crisis.

Incluso las personas sanas pueden verse afectadas por un ataque epiléptico en determinadas circunstancias. Estas circunstancias incluyen:

  • La privación del sueño
  • Luces parpadeantes en la televisión o en una discoteca
  • Respiración acelerada (hiperventilación)
  • Abstinencia de alcohol y medicamentos
  • Cambios bruscos en el equilibrio mineral del cuerpo

Síntomas

La epilepsia puede dividirse en dos grandes grupos:

  • Convulsiones focales: Este tipo de crisis se produce en una región circunscrita del cerebro y se limita a una zona del cuerpo. Sin embargo, una convulsión focal también puede convertirse en una convulsión generalizada.
  • Convulsión generalizada: Las convulsiones generalizadas afectan a todo el cerebro o, al menos, a partes de ambos hemisferios cerebrales al mismo tiempo. La convulsión se produce entonces en todo el cuerpo.

Convulsión focal:

Inicialmente, las convulsiones focales se producen en una parte circunscrita de la corteza cerebral. Dependiendo de la función, se manifiestan diversos síntomas, como alteraciones perceptivas o contracciones musculares. Si los síntomas visuales se producen inicialmente, como destellos de luz, el origen de la convulsión está probablemente en la corteza visual. Si hay tics de las extremidades derechas, el hemisferio izquierdo del cerebro está afectado; si hay tics de la extremidad izquierda, el origen está en el hemisferio derecho del cerebro.

En una convulsión focal, la persona afectada se encuentra en un estado despierto y orientado y está claramente consciente. Si se produce la convulsión, sigue siendo capaz de comunicarse con su entorno. Sin embargo, también se distingue entre las convulsiones focales complejas, que son similares a las convulsiones focales simples en las etapas iniciales, pero que más tarde conducen a una alteración de la conciencia y los llamados automatismos (funciones involuntarias y automáticas como masticar y golpear).

Si al principio sólo se produce una convulsión focal, también puede extenderse a todo el cerebro y provocar una generalización secundaria. En la jerga médica, los médicos llaman a este tipo de convulsiones gran mal.

Convulsión generalizada:

Las crisis generalizadas suelen afectar a todo el cerebro. Sin embargo, se pueden distinguir diferentes síntomas:

  • Convulsión de gran mal: La convulsión más conocida es la convulsión tónico-clónica generalizada. La fase tónica se caracteriza por una profunda inconsciencia de la persona afectada. Las piernas y los brazos están en un estado extendido y la respiración se detiene. En combinación con el aumento de la tensión muscular, esto puede provocar una falta de oxígeno. En algunos casos, la piel del paciente puede volverse azulada (cianosis) debido a la falta de oxígeno. Después de 30 a 60 segundos, se produce la fase clónica, que se manifiesta con contracciones en brazos y piernas. En la mayoría de los casos, el ataque termina después de uno o dos minutos. La persona afectada tiene entonces un breve período de conciencia antes de caer en un sueño profundo del que es difícil despertarla. Después de despertar, el paciente carece de memoria y tiene fuertes dolores musculares. A menudo, la micción o la defecación también se producen durante la convulsión, así como la mordedura de la lengua del propio paciente (epilepsia de gran mal).
  • Ausencia (epilepsia petit mal): En esta forma de epilepsia generalizada, se producen inicialmente alteraciones de la conciencia que pueden durar segundos. La persona afectada tiene una mirada fija y vacía, posiblemente en combinación con movimientos involuntarios de los ojos, la cabeza y la boca, y espasmos musculares débiles. El paciente hace una breve pausa en la actividad que acaba de realizar y la reanuda unos segundos después. Las indicaciones de esta forma de epilepsia pueden ser: Parpadeo frecuente de los ojos, golpeteo, giro de la cabeza hacia atrás o hacia los lados, posiblemente bajando la cabeza.
  • Mioclonías: Contracciones en brazos y piernas que pueden persistir. Estos movimientos tienen ecos de las sacudidas habituales antes de quedarse dormido.
  • Convulsiones astáticas (atónicas): Aquí el enfermo cae repentinamente al suelo. En algunos casos, la caída va acompañada de espasmos musculares en la cara y parpadeos.

Diagnóstico

En primer lugar, se interroga al paciente en detalle (anamnesis). Es especialmente importante averiguar si hay casos conocidos de epilepsia en la familia del paciente. A continuación se realiza un examen neurológico.

Una crisis epiléptica se evalúa siempre en función del tipo de patrón de crisis (historial de crisis). Por este motivo, es importante que otra persona observe y describa la crisis. Además, la epilepsia debe distinguirse de otras enfermedades que pueden presentar síntomas similares, como los trastornos de la conciencia de otras causas, las convulsiones en los trastornos metabólicos o las crisis inducidas psicológicamente. Además, hay que excluir un tumor cerebral como posible causa de la epilepsia sintomática. Existen los siguientes métodos de examen:

  • Electroencefalografía (EEG)
  • Tomografía computarizada (TC)
  • Resonancia magnética (MRI)
  • Análisis de sangre

En algunos casos, también se realizan pruebas del líquido cefalorraquídeo (LCR).

Terapia

La epilepsia es tratada por un neurólogo. Las personas con epilepsia deben acudir al neurólogo dos veces al año.

La terapia puede iniciarse después de una convulsión, pero debería iniciarse después de varias convulsiones como máximo. Si no se administra el tratamiento, existe el riesgo de que las convulsiones se produzcan con más frecuencia en el futuro.

Si las convulsiones se producen con poca frecuencia (menos de dos veces al año), se puede decidir si el beneficio supera el riesgo.

En algunas formas de epilepsia (epilepsia del lóbulo temporal, epilepsia de ausencia, epilepsia mioclónica-estática, síndrome de Lennox-Gastaut, convulsiones BNS), la medicación debe administrarse inmediatamente, ya que no se puede descartar que muchas convulsiones ya se hayan producido antes.

Sin embargo, si la persona afectada padece una epilepsia sintomática, hay que tratar primero la enfermedad subyacente. Además, hay que reducir al máximo los factores que desencadenan las convulsiones.

Tratamiento farmacológico:

  • Selección del fármaco antiepiléptico:

Con la ayuda de la medicación, la mayoría de los pacientes de epilepsia pueden llevar una vida sin convulsiones. El tipo de fármaco antiepiléptico utilizado depende del tipo de crisis y del tipo de epilepsia. La terapia tiene la tarea de garantizar la ausencia de convulsiones sin efectos secundarios indeseables o con efectos secundarios tolerables. La dosis de la medicación debe ajustarse con precisión al paciente. En la mayoría de los casos, el tratamiento de la epilepsia se inicia en monoterapia, es decir, con un solo medicamento.

Los fármacos están diseñados para reducir la hiperexcitabilidad de las células nerviosas o para aumentar los mecanismos de inhibición. A menudo, se administran fármacos que interfieren en el metabolismo del ácido gamma-aminobutírico (GABA), ya que el GABA es el transmisor más importante del cerebro que inhibe las convulsiones. Para que la terapia tenga éxito, es importante que la medicación se tome con regularidad y que se realicen controles médicos.

Si un medicamento por sí solo no muestra ningún efecto, puede ser útil una terapia combinada con dos sustancias activas diferentes o un cambio a otro preparado.

  • Calendario de embargos:

Para ajustar la terapia exactamente al paciente, hay que evaluar la situación de las convulsiones. Por este motivo, el paciente debe llevar un diario de convulsiones. Se debe registrar la frecuencia y la gravedad de las crisis epilépticas. Además, el médico debe comprobar regularmente la actividad cerebral (monitorización del EEG) y la cantidad de medicación en la sangre.

  • Ajuste y suspensión de la medicación:

Si las convulsiones no se repiten durante tres a cinco años, el médico puede reducir la dosis de medicación. Si las pruebas de EEG no muestran resultados anormales ni signos de que puedan volver a producirse crisis epilépticas, el médico puede decidir si suspender la medicación por completo. Si las convulsiones reaparecen tras la interrupción, se continúa el tratamiento.

Sin embargo, la medicación nunca debe suspenderse por decisión del paciente, ya que puede suponer un riesgo para su vida.

  • Olvidar tomar la medicación:

El medicamento debe tomarse con regularidad, ya que de lo contrario la concentración de sustancia activa en la sangre está sujeta a fuertes fluctuaciones. Esto puede conducir a convulsiones más frecuentes. Si se olvida de tomar el medicamento, puede seguir tomándolo unas horas más tarde. Sin embargo, si hay un intervalo muy largo entre las dosis o si ya se ha alcanzado la hora de la siguiente dosis, la dosis doble no debe tomarse en ningún caso, sino que simplemente debe continuarse con el programa de dosificación normal. Si hay alguna duda sobre el programa de dosificación o si se han omitido varias dosis, se debe consultar al médico.

Para algunos pacientes, la medicación por sí sola no es suficiente. En estos casos, también se puede considerar la cirugía. La cirugía de la epilepsia suele tener muy buenos resultados en cuanto a la ausencia de convulsiones tras la intervención. Sin embargo, la cirugía sólo puede realizarse si las crisis se originan siempre en la misma región del cerebro, es decir, en el caso de las llamadas crisis focales. Debe ser posible eliminar esta localización en el cerebro sin ningún peligro ni inconveniente para el paciente.

Otra posibilidad de tratamiento de la epilepsia es la implantación de un dispositivo eléctrico que provoca la excitación de un nervio específico (nervio vago) en el cerebro. Al estimular este nervio, se puede reducir el número de convulsiones.

Si se produce un ataque epiléptico por primera vez, hay que llamar inmediatamente al médico de urgencias. Si una persona sufre una convulsión que se sabe que está afectada por la epilepsia, por lo general se puede evitar, a menos que haya riesgo de lesiones.

Por lo general, la convulsión terminará al poco tiempo. No se debe intentar inmovilizar a la persona que se apodera de ella, sino sólo eliminar las posibles fuentes de peligro del entorno.

Sin embargo, si la persona tiene convulsiones durante mucho tiempo (más de diez minutos) o no recupera la conciencia entre dos convulsiones, hay que llamar inmediatamente al médico de urgencias. Si el médico de urgencias no consigue detener la convulsión a pesar de administrar la medicación, el afectado es ingresado en la unidad de cuidados intensivos y colocado en coma artificial. Esta es la única medida eficaz para evitar el llamado estado epiléptico, es decir, una forma grave de epilepsia.

Para garantizar una calidad de vida lo más alta posible a pesar de la epilepsia, puede ser útil dormir lo suficiente con horarios regulares (higiene del sueño). Algunas formas de epilepsia pueden ser desencadenadas por determinados factores que, una vez conocidos, pueden evitarse. Entre ellas se encuentra el consumo de alcohol, así como el estrés emocional. Del mismo modo, la luz parpadeante de los monitores del televisor o del ordenador puede desencadenar la convulsión, al igual que ciertos patrones visuales (por ejemplo, patrones de tablero de ajedrez).

Previsión

En general, alrededor del 50% de los pacientes con epilepsia tienen una sola crisis, mientras que el 50% restante tiene una segunda crisis. En consecuencia, el riesgo de sufrir otra crisis aumenta, ya que se calcula que alrededor del 70% de los pacientes que ya han tenido al menos dos crisis pueden sufrir otra crisis epiléptica en el plazo de un año. Las personas cuya crisis epiléptica ha sido causada por una afección subyacente, como una lesión cerebral traumática, corren un riesgo especial: el riesgo de sufrir nuevas crisis es dos veces mayor que el de los pacientes con epilepsia que tienen una predisposición genética o cuya causa no se conoce.

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